1 de mayo de 2006

DOMINGO EN EL MERCAT DE SANT ANTONI (1)

Una mañana de Sant Antoni atípica. No me acompañaba mi mujer ni había quedado con los amigos con los que suelo verme para charlar de esto y lo otro. Llegué un poco tarde y el amigo Santi (sólo somos conocidos, lo sé, pero hoy quiero tomarme la confianza) ya me esperaba a la salida de la estación de metro leyendo una revista. Poco después llegó mi camarada Roger y marchamos camino al Café de siempre. Al mercat de Sant Antoni se va a mirar y comprar, pero no echamos un vistazo por las distintas paradas en busca de cómics o libros porque queríamos aprovechar para charlar todo lo posible. En el Café había mesas libres, pero decidí que subiéramos a la planta de arriba para hablar con más tranquilidad y menos humo de tabaco. La planta superior aún tenía las luces apagadas, le dimos al interruptor y nos sentamos en una de las mesas del fondo, en una especie de reservado. Ya llevábamos un rato charlando de cosas intrascendentes cuando llegó Albert, el tipo más ingenioso del planeta, talento desconocido y desaprovechado.
Llenaría páginas y páginas hablando sobre Roger y Albert, sobre lo mucho que significan en mi vida, pero, que me disculpen, hoy hablaré de Santi. Esa, en un principio, inocente y friki conversación de Sant Antoni, pasó a otra dimensión y me mostró a una persona de fuertes convicciones y personalidad casi mística que me impresionó sobremanera.
(Continuará)

2 comentarios:

sergisonic dijo...

Y suena un místico redoble de tambores... Aprovechemos estas escenas de las películas de nuestras vidas, esas casualidades con mensaje que a veces suponen. Esperamos sus líneas.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

como me gustan estos elogios a la amistad, y al descucbrimiento feliz de otras facetas de los conocidos.
besiños.

siloam