26 de enero de 2006

NÁUFRAGO


Llueve a cántaros sobre Bellvitge. Un chico aguanta el chaparrón bajo su paraguas. Podría resguardarse dentro de su coche o bajo un portal, pero ha quedado a las nueve de la noche frente al restaurante La Flama y de ahí no piensa moverse. Son cerca de las diez. El chico mira su reloj una y otra vez, como si ese gesto fuera a aligerar el paso de la chica que espera. El agua cae a raudales, recorriendo traviesa aceras y calzadas.
El chico saca su móvil con la intención de llamarla, pero le angustia la idea de volver a escuchar la grabación del contestador. No quiere dejar un mensaje en el buzón de voz, no quiere parecer enfadado o estúpido… no quiere seguir esperando. A su espalda, unos tacones apresurados. Antes de girarse elabora mentalmente una respuesta ingeniosa que le quite hierro a las disculpas de ella. No debe parecer un pobre desgraciado en su primera cita. Le dirá que él también se retrasó y acaba de llegar. Pero no es la chica que espera. Una mujer de mediana edad pasa por su lado arrastrando un olor a pachuli que le golpea en las narices. La mujer medio sonríe al ver el ramo de orquídeas que ese pobre desgraciado esconde tras de él. Son las diez y veinte y al chico le duelen los pies. No ha llamado al restaurante para anular la reserva y se siente mal por ello. Ahora ya es tarde. A pesar del diluvio inmisericorde, el chico pliega su paraguas, lo mete en el maletero de su coche y decide regresar andando a casa. Todo un experto en derrotas y naufragios, tira las flores al container de residuos orgánicos sin ningún gesto especial en su cara. Durante el camino, con toda la lluvia abatiéndose exclusivamente sobre él, piensa en la posibilidad de haberse equivocado de día, quizás leyó mal el mail que ella le envió...
Cuando por fin llega a casa, ve a su madre dormida frente al televisor encendido. Antes de despertarla para que se marche a la cama, el chico va al cuarto de baño a quitarse la ropa empapada y secarse un poco. No puede evitar mirarse al espejo, y no sabe si llora o llueve.

4 comentarios:

sergisonic dijo...

Flores rotas, maestro sonámbulo, naufragio ecológico en un mar de lágrimas. Su inspiración me ha recordado a algo que también escribí. Quién sabe, igual leyó mal el correo electrónico... Quizás sería mejor que se quedara con la duda.

siloam dijo...

los azares, y las ilusiones..y vaya texto!
que enormes son los sentimientos, que bien que la lluvia y las lágrimas se parezcan.
besiños.

sergisonic dijo...

y qué días, estos últimos.
Han llovido muchas lágrimas... ¿o ha llorado mucha lluvia?
geniales líneas, maese raule

mamen somar dijo...

Muy bueno raule.
Y más que el que ella no llegará, me da la sensación que duele la mirada del otro en el espejo, ese otro que ya te lo advirtio.
Asquerosa ilusión que juega con el motor que nos mantiene y nos hace permanecer bajo la lluvia disimulando el llanto.
Un beso.
Mamen