29 de mayo de 2005

UNA TARDE EN LA ÓPERA (1)

Una tarde atípica la de hoy, sonámbulos. Llevé a Lucy engañada al Gran Teatre del Liceu y la verdad es que ha sido toda una experiencia para ambos. Una gran dama italiana que nos aprecia mucho me regaló un par de entradas que ella y su marido no podían aprovechar y, aunque la ópera no es precisamente mi género musical predilecto, no pensaba dejar pasar la oportunidad de visitar gratis un lugar tan emblemático de mi ciudad.
Mi edulcorado lado anarquista se empeñó en que fuese vestido como a un concierto de Metallica, de negro, con zapatillas deportivas negras y sin afeitar ¡Se iban a enterar esos burgueses! Lucy iba con tejanos y una escotada blusa negra, claro que la pobre no tenía ni idea de adónde íbamos. Caminábamos por la Rambla dirección al puerto, en teoría para dar una vuelta por el Maremagnum, cuando de repente di un quiebro a la derecha y nos unimos a la cola de elegantes damas y caballeros que entraban al Liceu. Lucy no entendía nada. Le dije que se me había metido en la cabeza tomarme un simple café en un lugar de tanta solera y que nada del mundo me lo impediría. Ella empezó a ponerse nerviosa. Cada vez estábamos más cerca de las barras giratorias de acceso, franqueadas por dos jóvenes empleadas del Teatre. Imaginad su cara cuando llegó nuestro turno y saqué todo chulo el par de entradas. Soy un cabroncete, lo sé.
Una vez dentro, debo reconocer que no recibimos tantas miradas de desaprobación como pensaba, señal, mal que les pese a muchos, de que los tiempos están cambiando.
Un amable empleado nos llevó hasta nuestro asiento, Platea, fila 18, asientos 19 y 21. Esto está en la parte de abajo, como si estuvierais en el cine. Era un sitio lateral estupendo, de buena visión y de los que no molestas a nadie si te levantas para ir al lavabo. Había visto en revistas imágenes de la nueva decoración del Liceu, obra titánica y genial del artista catalán Perejaume, pero es obvio que por muy buenas que sean las fotos, no hay comparación con alzar la vista y contemplar in situ sus pinturas coronando el Gran Teatre. Apabullante.
A modo de curiosidad comentaros que teníamos a unos diez metros al Padre Apeles, la única “celebridad” que Lucy y yo detectamos. El 80% del público asistente eran puliditas ancianas de pelo blanco o recién salidas de la peluquería, apestando a caros perfumes (pachuli no era, os lo digo yo) y engalanadas con sus mejores joyas. Me resultó gracioso ver a unos afables ancianos agitando el programa del concierto y saludando con la manita durante cinco minutos a unos conocidos que estaban en unos de los palcos.
No íbamos a ver una representación de una ópera en concreto, sino un acto patrocinado por el Corte Inglés, la final del VIII Certamen de canto para voces jóvenes “Premio Manuel Ausensi”. Normalmente los premios llevan el nombre de algún muerto, pero este no es el caso. El señor Manuel Ausensi, antiguo y célebre barítono, estaba presente y recibió los sentidos aplausos de todos los que allí estábamos.
Puntuales como un reloj, los organizadores dieron comienzo al acto cultural.

Continúa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

PIRATA!!!!!!!
Tu cuidad??? pero mamaoncete no eras de L´Hospitalet y con mucho orgullo???

" un poco cabroncete"?No,por favor,eres un autentico y gran CABRON.
Tu Lucy no se merece esos sustos,ni esos nervios........
AH!!!!! Te tomaste el cafe????
NOOOOOOO!!!!! Pringao!!
Al PAPELES no le diste??????
Naaaaaaaa!!!!espero la próxima entrega de una " TARDE EN LA OPERA".........Salut !!!!

damian dijo...

ves fútbol, carreras de coches, vas a la opera... pero al concierto de audislave de esta noche seguro que no vienes, cagón. donde quedaron aquellos tiempos en que sudábamos la camiseta negra alzando los puños con los temas de maiden, anthrax o rage against the machine.

pd.-y el guión del segundo maynard como va? je je je

damian dijo...

audioslave, perdón