4 de abril de 2005

COSAS QUE NUNCA LE DIJE

Yo suelo dormir del tirón. Cuando agarro la almohada no tardo ni un minuto en visitar el reino de Morfeo. Pero hace un par de noches no fue así. Había tenido un día como cualquier otro, no me sentía ni más ni menos cansado, sin embargo, no podía pegar ojo. Me quedé dando vueltas en la cama pensando futuras historias para los distintos proyectos de cómic que estoy desarrollando. Darle vueltas al tarro es una buena forma de conciliar el sueño (la otra opción es leer a Paulo Coelho, pero no me apetecía). Pero no había manera. Mi insolidario despertador no tuvo la deferencia de pararse hasta que yo me quedara dormido y avanzaba con sorna, “¿no eres un aspirante a sonámbulo? ¡Pues toma sonámbulo!”- parecía decirme con su tic tac- “Y no olvides que dentro de cuatro horas te levantas para ir al curro, ji ji”. Cabronazo. Hacía un buen rato que me estaba meando, pero no me apetecía levantarme. Ya sé que retener la orina no es bueno para el organismo, pero qué diablos, hacía mucho frío fuera y nosotros no tenemos calefacción. Mi mujer dormía a mi lado como un angelito, ignorante de la desgracia que me acontecía. Ya no aguantaba más, así que hice acopio de valor, me puse la bata y fui con paso acelerado al lavabo. Al salir de la habitación advertí que el comedor apestaba a tabaco. Ni Lucy ni yo fumamos y antes de acostarnos comprobamos que las ventanas estén bien cerradas, lo cual significaba… ¡que había alguien fumando en nuestro comedor! De un salto me planté ante el interruptor de la luz y lo pulsé. No funcionaba. Pulsé pulsé pulsé y nada.
- No te esfuerces, hijo. Ya está bien así.
- ¿Pa… papi?...

Continuará...

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