8 de abril de 2005

COSAS QUE NUNCA LE DIJE (3)

- Déjame continuar, papi. Hay muchas cosas que jamás te dije, cosas que tú siempre has sabido, pero que no llegaste a escuchar de mis labios. No te las voy a decir ahora. Creo que no tiene sentido hacerlo en este momento. Lo que sí quiero dejarte claro es que respeto y admiro cómo decidiste acabar de raíz con tu dolor.
Aunque han pasado muchos años, recuerdo perfectamente un montón de situaciones peligrosas en las que te viste involucrado y nunca detecté un atisbo de miedo en tu cara. Te rompieron la cabeza por defender a un amigo que no lo merecía; te rompiste la pierna cuando ibas en moto para evitar que yo, que iba de paquete, tuviese un solo rasguño; un grupo de gitanos me quitó el cambio de la compra y tú cogiste tu navaja y te fuiste solo al Polígono Gornal (en aquella época el Bronx de L´Hospitalet) con la firme intención de recuperarlo…
- Hijo, no he venido a recordar.
- Pues lo siento, los recuerdos son ahora todo lo que tengo. Quiero que sepas que espero tener el valor suficiente para ser también dueño de mi destino. Ojalá pueda enfrentarme a lo que la vida me depare con los huevos que tú le echaste.
- Estoy contento. Te miro... y sé que no debo preocuparme por vosotros.
- ¿Qué es eso tan importante que querías decirme acerca de mami?
- Últimamente está pensando mucho en, bueno, un tema que no…
- En la muerte. Lo sé, me lo ha dicho.
- Estad con ella. Siempre. No la dejéis sola. Sé que cada uno tiene su vida, pero…
- Papi.
- Lo sé, no hace falta que lo diga, pero estoy muy preocupado.
- ¿Preocupado porque pueda hacer una tontería?
- ….
- Perdona, papi, no debería haber dicho eso. Supongo que es lógico que mami piense en la muerte. Intentamos, uno u otro, estar con ella todo el día, que esté ocupada con los nietos, la llevamos al cine, a comer fuera, sus hermanos la llaman cada dos por tres, la invitan a su casa, … pero es inevitable que en muchos momentos se encuentre sola. El vacío se ha instalado en la vida de todos desde que te marchaste, papi, imagina cómo de grande se le ha hecho a mami el piso, la cama de matrimonio, la mesa a la hora de comer… Bueno, no está bien seguir por ahí…
- ¿Temes hacerme sentir culpable?
- Soy yo quién se siente culpable, papi, sólo yo.
- ¿Tú?
- Sí, yo. Me siento culpable de muchas cosas, papi, de muchísimas.
- Hijo, por favor…
- Culpable de ni siquiera haber imaginado que pudieras hacer lo que hiciste. Nunca se me pasó por la cabeza, papi, y eso me come por dentro, porque significa que no quería darme cuenta de lo mucho que estabas sufriendo.
- No quiero escuchar más.
- Claro que lo vas a hacer. Y tendrás que aguantar lo mismo cuando visites a mami, Juaqui, Ruth y Eloy. Porque supongo que no voy a ser el único a quien visites, ¿verdad? Todos tenemos cosas que decirte, papi y creo que deberías escucharnos hasta el final.
- Esto va ser más duro de lo que pensaba.
- ¿Me lo dices o me lo cuentas? Tengo una curiosidad, mañana cuando despierte, ¿recordaré algo de nuestra conversación?
- De tu monólogo, dirás. Ni una palabra, hijo.
- Lo suponía. Confío en que tú sí.

Continúa.

2 comentarios:

sagar dijo...

empiezo a entender...aunque realmente a un relato asi que comentarios puede acompañar...y no quedar en estupidez...

Ivan dijo...

Las cosas que escribes me hacen poner la piel de gallina. Son realmente bonitas