6 de abril de 2005

COSAS QUE NUNCA LE DIJE (2)

- ¿Cómo estás, hijo?
- Bien… supongo… ¿desde cuando fumas?
- Desde “aquello”. Nunca debí dejarlo, ya has visto de qué me ha servido. Puedo apagarlo si te molesta.
- No, qué va, por favor…
- ¿Lucy está bien?
- Muy bien, papi. Perdona que esté como atontado, pero nunca… nunca he tenido un sueño tan real… Dame un momento para ver qué pasa con la luz. Seguro que ha saltado el diferencial.
- No es necesario, hijo, créeme. Siento aparecer así de repente en el comedor de vuestra casa, pero quería hablar contigo.
- Estooo, papi, me estoy meando, perdona, ahora vuelvo, no aguanto más.
- Claro, hijo, claro. Estás en tu casa.
(Dos minutos después)
- Uf, casi reviento. Yo también tengo muchas cosas que decirte, papi. Joder, me encanta volver a escuchar tu voz. Suena como… antes.
- ¿Cómo antes de la enfermedad? Resulta que cuando mueres todo vuelve a ser como antes. Todo menos la apariencia física, que es la misma que la del momento del fallecimiento. Sabes, me gustó mucho el recordatorio que hiciste para mi funeral. Sé cuánto te costó redactarlo.
- Bueno, gracias… Oye, papi, me siento un gilipollas al preguntarlo, pero… tú… quiero decir, cuando mueres…
- No existe el cielo y el infierno, hijo, pero eso es algo que tú ya intuías, ¿verdad? Podría intentar explicarte a dónde vas cuando la palmas, pero no tengas prisa por descubrirlo. No estoy aquí por eso. Quiero hablarte de tu madre.
- ¿Mami? ¿Qué pasa con ella?
- Tranquilo, no te asustes. Al igual que os pasa a ti y a tus hermanos, tu madre está muy confundida, no acaba de asimilar lo que sucedió…
- Es que fue muy fuerte, papi. Jamás se me ocurriría recriminarte lo que hiciste, pero, de todas las formas que tiene uno de quitarse la vida, elegiste…
- La más rápida, hijo. No quería, no podía tener la más mínima oportunidad de echarme atrás.
- Quiero pensar… pienso, papi, que no lo hiciste pensando en el dolor que te producía tu enfermedad. Te conozco y por nada del mundo querrías que te viéramos sufrir. Sabías perfectamente en qué estado te dejaría el jodido cáncer y no ibas a permitirlo…
- Hijo, no debes torturarte con todo eso…
- No pasa un jodido día sin que piense en todo eso. Me imagino a mí mismo buscando en tu mesita una nota de suicidio que nunca llegaste a escribir, buscando unas palabras de despedida escritas de tu puño y letra, algo, papi, algo… Un martes fui a casa a comer y poco después tú te fuiste a la cama porque estabas cansado. Te despediste de mí del mismo modo que solías hacerlo… he revisado un millón de veces aquel instante, en busca de un gesto especial por tu parte hacia mí, algo que me pudiera ahora servir de consuelo…
Al día siguiente dejaste de existir, te evaporaste, ya no estabas con nosotros.
- Raúl…

Continuará.

2 comentarios:

sagar dijo...

termina ya no puedo esperar mas estas cosas me intrigan un monton....

R A U L E dijo...

A tí te intriga, amigo, a mí me duele. Todo a su tiempo. Saludos sonámbulos.