28 de marzo de 2005

NO POEMA 8

MI SALVADORA

Tuve un amiga
triste y vagabunda,
hablaba mucho,
un lenguaje extraño
y lucía una túnica
a modo de sudario.

Pronto corrió la voz,
llegaron de lejos
para oírla predicar.
Sus pies y manos
sangraban a menudo,
aseguraban las ancianas.

La hija de Dios,
así la llamaban.

Muchos la siguieron,
dejando trabajo y familia,
gente sana y tullidos,
esperaban una señal,
incluso aquellos que un día
olvidaron rezar.

Pero no hubo milagros,
para ninguno de ellos,
por lo que decidieron
fabricar una gran cruz
y una corona de espinas.
Con la fe no se juega.

La hija de Dios,
así la llamaban,
la hija bastarda.

Mi amiga desapareció.
Ignoro su paradero,
si atravesó mares y ríos,
mas sé que no mintió,
que sí hubo milagros,
aunque fueron solo míos.

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