25 de marzo de 2005

LA LLAMADA DE LA SELVA

Truena la pistola
y emprenden asustadas el vuelo las palomas.
Un perro callejero,
con más pulgas que pelo,
se acerca al humano tendido en el suelo.
Y como si la vida le fuera en ello comienza a lamer el rojo y caliente líquido espeso que mana del bulto yacente. Ajeno a los gritos de pánico y ayuda de otros humanos , el esquelético can intensifica los lengüetazos. Tan absorto está en su festín que no advierte que un émulo de Pelé se le acerca a toda velocidad y le propina un puntapie en las costillas enviándolo a quince metros del inacabable manantial. Resguardado entre dos containers, el perro se queja de la brecha abierta en su costado mientras observa cómo otros humanos se abalanzan sobre el de su misma especie. El escuálido animal dibuja en su hocico lo que parece una sonrisa, henchido de satisfacción por haber sido el primero.

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