1 de febrero de 2005

NADA TIENE SENTIDO (1)

Hoy hace dos meses que no abandono la sala de proyección, desde que mi padre decidió dejarnos. Tras estas ocho semanas no me he movido de mi incómoda butaca, esperando los títulos de crédito con los ojos bien abiertos. Pero no aparecen. Siempre aparecen después del FIN, todas las películas los tienen, ¿por qué esta no?... Cualquiera sabe que una película no acaba hasta que terminan los títulos de crédito. La incertidumbre hace que me levante de mi asiento. Mientras me sacudo las palomitas miro hacia atrás y no veo a nadie. Tampoco está iluminado el cuarto de proyección, ni rastro del haz de luz dirigido a la pantalla. Nada tiene sentido. Cuando vuelvo la vista al frente ha desaparecido la pantalla. Corro a la salida, asustado, desorientado, como un niño que de repente se da cuenta de que la mano a la que va cogido no es la de su madre. Abro violentamente la puerta y descubro que no estoy en ningún cine, sino en un gran vestíbulo. Reconozco de inmediato el lugar, llevo más de ocho años trabajando allí como conserje. Sentado tras su mesa forrada en cuero veo a un tipo que bien podría ser yo. Teclea su portátil sin darse cuenta de mi presencia. Me coloco tras él y leo con curiosidad lo que ha escrito: “Hoy hace dos meses que no abandono la sala de proyección, desde que mi padre decidió dejarnos”.

2 comentarios:

Hipocondríaca dijo...

Me gusta mucho como escribes.
No sé que más decir, supongo que por eso me limito a ponerme del lado del espectador y observo ...

R A U L E dijo...

No me diga usted esas cosas, amiga hipocondríaca, o conseguirá sonrojarme. El mundo se divide entre actores y espectadores, nosotros somos de estos últimos, ¿qué le vamos a hacer?. Saludos profundos.