24 de enero de 2005

TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR

Aún faltan casi nueve meses. La espera es insoportable para muchos ciudadanos. Paco es uno ellos. Todas las noches sueña con la llegada de ese día, con poder vestirse y sentirse vivo de verdad, con poder gritarle al mundo lo orgulloso que se siente de ser un verdadero y auténtico español. Aún faltan casi nueve meses para el …
12 DE OCTUBRE, DÍA DE LA HISPANIDAD.
Jornada esperada por Paco y cientos de patriotas de todo el país. En distintos lugares emblemáticos y otrora gloriosos se celebran multitud de concentraciones. Reuniones pequeñas pero acogedoras donde la gente porta banderas y símbolos que antaño significaron algo y que en un día tan señalado lucen de nuevo cara al sol. Cándidos muchachos y afables ancianos entonan al unísono antiguas canciones a favor de valores hoy tristemente olvidados como el valor, el honor y la fe. Paco escucha ensimismado como los patriotas más entregados arengan en sus discursos a un mayor entendimiento entre las personas, siempre que pertenezcan a la única, pura, luminosa y blanca raza, por supuesto.
Pero lo mejor de tan señalado día llega cuando, en un acto de inconmensurable altruismo, todos los patriotas recorren las calles de su ciudad o pueblo repartiendo sus ideales a quienes quieran escucharles. Paco se mezcla sonriente entre los ancianos, jóvenes y niños entregados a la noble causa de contagiar su alegría y entusiasmo por esta tierra que una vez fue grande y libre.
Bates de béisbol del 15, navajas, puños americanos, cualquier herramienta es válida para propagar la palabra y el ideal de un sentir común.
Por desgracia no todo el mundo comprende sus buenas intenciones, sobretodo aquellos llegados allende de nuestras fronteras, y surgen divergencias de opiniones. Paco, como muchos de sus compañeros, vuelve a casa por la tarde con las insignias arrancadas y la bandera hecha jirones. Después de cenar junto a su santa esposa e hijos, se va a su habitación y jura por Dios y ante el retrato del mismísimo que el próximo año se esforzará más si cabe en devolverle al país el lustre perdido. Con lágrimas en los ojos se cuadra ante la foto del caudillo y le muestra su respeto alzando el brazo derecho y gritando con fervor un VIVA ESPAÑA. Para cuando su esposa se acuesta, Paco ya ha cambiado la foto del caudillo por la de su suegra. No le cuesta nada dormirse, satisfecho por el deber cumplido.

2 comentarios:

Hipocondríaca dijo...

Podría ser ficción.
La triste verdad es que eso es real para mucha gente.

R A U L E dijo...

Sad but true, que dirían Metallica, amiga hipocondríaca. Para muchos, esa es su realidad. Y lo que me más me revienta es que los más jovenes se casarán y tendrán hijos, a los que inculcarán sus sabios y rectos ideales... en fin... Saludos profundos, Sonámbula.