15 de enero de 2005

EL MUNDO ENTERO EN MI W.C. (2ª parte)

(...)
- SOY EL GRAN ALEJANDRO MAGNO, REY DE REYES.
- Encantado. Yo me llamo Raúl. Le importaría hablar un poco más bajo, es que mi mujer está durmiendo...
- CON SÓLO 18 AÑOS DIRIGÍ LA LEGENDARIA CABALLERÍA MACEDÓNICA EN LA BATALLA DE QUERONEA.
- Qué fuerte. A esa edad yo estaba arreglando los papeles para aplazar el servicio militar.
-CON 24 AÑOS FUNDÉ ALEJANDRÍA, CIUDAD QUE LLEGARÍA A SER EL EPICENTRO CULTURAL Y COMERCIAL DEL MUNDO GRIEGO.
- Joder, ya te digo. Debe estar bien eso de ponerle tu nombre a una ciudad. Oye, perdona que insista, pero como no bajes la voz se despertará mi mujer y tú no la conoces cuando se cabrea.
- PARA CUANDO LAS FIEBRES ACABARON CON MI VIDA YO YA HABÍA CONQUISTADO CASI TODO EL MUNDO CONOCIDO Y CREADO UN IMPERIO SIN PRECEDENTES.
- Un pesado sin precedentes, eso es lo que me estás pareciendo.
- MÍRATE, INFELIZ MORTAL. ¿QUÉ HAS HECHO TÚ EN TUS 33 AÑOS DE VIDA?
- ¿Que qué he hecho? Eso a tí no te importa una mierda. Pero mira, hombre, me has tocado los huevos y te lo voy a decir: Hasta ahora he intentado vivir en lugar de matar y he intentado hacer amigos en vez de crearme enemigos. ¿Te vale?
- NO ERES UN GUERRERO. NO SABES DE QUÉ ESTÁS HABLANDO, DESCONOCES EL SIGNIFICADO REAL DE LAS PALABRAS AMISTAD Y MUERTE.
- Menuda chorrada. Hablas como cierto presidente norteamericano recién reelegido. No quería ser cruel, pero no me dejas otra opción. Yo llevo años disfrutando del amor de una persona que me corresponde, y tú, que tuviste tantas mujeres y esposas, te pasaste veinte años, hasta el fin de tus días, llorando la temprana muerte de la única persona que amaste de verdad.
- HEFESTIÓN...
- Y no te me pongas aquí a llorar, nenaza.
- HEFESTIÓN, MI HERMOSO Y RUBIO HEFESTIÓN...
- Y una cosa más te digo, gilipollas. Quiero que sepas que voy a hacer algo que tú, tan divino y colosal, no pudiste hacer.
- ¿QUÉ COSA ES ESA, MORTAL?
- Cumplir 34 tacos. Hala, a cascarla!
Dicho esto, apagué la luz del lavabo y volví a la cama bastante irritado y con ganas de darle cuatro bofetadas al griego y a toda su caballería macedónica. Recuerdo que pensé en despertar a mi mujer para contarle lo ocurrido, pero la posibilidad de ser yo quien recibiera las cuatro tortas me hizo desistir de tal idea. Al final conseguí dormirme gracias a la opiácea prosa de un libro de Paulo Coelho que mi mujer andaba leyendo.


No hay comentarios: